Demetrio Carceller Pescanova

El Grupo Nueva Pescanova ha confiado en SAP para la puesta en marcha de Legonova, un proyecto de transformación digital cuyo objetivo es desarrollar una plataforma sobre la que la multinacional pesquera pueda sustentar su nuevo sistema de gestión, uniendo conocimientos del negocio actual con las nuevas tecnologías de procesamiento de la información, según ha informado la compañía en un comunicado.

En concreto, SAP (SAP.XE)S/4HANA será la plataforma sobre la que se desarrollará el proyecto, que apoyará la transformación integral de los procesos centrales de la gestión de la empresa, como son las áreas financiera, compras, ventas, producción y logística.

Nueva PESCANOVA (PVA.MC)opera en 27 países de cuatro continentes y cuenta con una flota propia de más de 70 buques en el Hemisferio Sur, 8.000 hectáreas de acuicultura en Centroamérica y España, 18 plantas de procesado en un total de 11 países y comercializa sus productos en 80 países de los cinco continentes.

El proyecto permitirá integrar los procesos de negocio de principio a fin, además de contribuir a optimizar la gestión comercial y las promociones. Asimismo, persigue impulsar en el futuro la transformación digital de las diferentes áreas de innovación mediante un mejor conocimiento del cliente y el uso de capacidades de Internet de las Cosas (IoT).

Está previsto que la primera fase de implantación del proyecto finalice en julio de 2018, con la puesta en marcha del sistema en la sede central y en algunas subsidiarias comerciales para, posteriormente, continuar con el resto de filiales.

El consejero delegado de Nueva Pescanova, Ignacio González, ha subrayado que con Legonova la compañía estará preparada para “afrontar los desafíos del futuro, ganaremos en transparencia y sencillez de los procesos”. “Nos permitirá crear formas de trabajo unificadas en todas las empresas y áreas del Grupo para poder medir bajo los mismos KPIs todos los procesos de la compañía, lo que redundará en una mejora de la rentabilidad y en una mayor eficacia”, ha indicado.

Por su parte, el general manager de SAP en España, Portugal e Israel, João Paulo da Silva, ha destacado que Nueva Pescanova es uno de los “grandes referentes mundiales de la industria pesquera”. “El hecho de que nos haya elegido como socio tecnológico para ayudarla en su viaje de transformación digital representa un importante impulso para nuestro negocio y una enorme satisfacción. Además, pone de manifiesto la relevancia que están dando las empresas españolas a la transformación digital”, ha subrayado.

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Los pro­blemas ju­di­ciales de Pescanova se agra­van. La em­presa ha in­ter­puesto una nueva de­manda de juicio or­di­nario en Pontevedra para so­li­citar la nu­lidad del au­mento del ca­pital so­cial apro­bado en la junta ge­neral de Nueva Pescanova.

En ella se aprobó una ampliación de capital por compensación de créditos, por un importe de 135,4 millones de euros, que fue asumida íntegramente por los acreedores financieros de la nueva sociedad.

Pescanova no pudo participar en dicha ampliación, ni se le reconoció derecho alguno de suscripción preferente. Como consecuencia de la ampliación, la representación de la compañía en el capital social de Nueva Pescanova se ha visto reducido a un mínimo 1,65%.

La compañía contaba con un 20% desde los acuerdos de fusión y doble segregación aprobados el 29 de septiembre de 2015, y que eran consecuencia directa de los convenios de acreedores aprobados en los concursos de la compañía conservera y sus filiales,

Los antiguos gestores aseguran que la ampliación de capital no responde a algún interés real de Nueva Pescanova, y su interés principal en gran medida es el de diluir de manera intencionada su peso en la nueva sociedad, en beneficio único y exclusivo de los acreedores financieros que han suscrito la ampliación.

Precisamente han sido estos lo que han aprobado la ampliación en interés propio y en manifiesto conflicto con el interés social general de la nueva compañía, aseguran, y en detrimento injustificado de los derechos de Pescanova, cuyos socios han decidido impugnar judicialmente el acuerdo.

Esta demanda se une a la presentada también recientemente por el cese en el consejo de administración de Nueva Pescanova de los representantes de los anteriores gestores. La bola judicial sigue así haciéndose cada vez más grande, dificultando una salida pacífica al problema. Una situación que algunos bolsistas temen acabe perjudicando al proceso de reestructuración puesto en marcha para salir de la profunda crisis que le llevó al borde de la quiebra.

En este tira y afloja, el valor acumula una caída de más del 75% desde principios de año para asentarse sobre el nivel de 1,35 dólares a expensas de cómo se vayan solucionando todas estas demandas, cuya resolución además parece que van para largo.

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La nueva Pescanova solo tiene un objetivo en mente que es crecer. Quiere facturar 1.500 millones en el 2020, casi un 50 % más que ahora. Para lograrlo, apuesta por mantener la verticalidad de la compañía, desde la extracción y cría (con 72 buques de pesca y 8.000 hectáreas de granjas, equivalentes a 16.000 campos de fútbol) hasta la comercialización, pasando por la elaboración en 18 fábricas.

Pero para llevar la frescura de la mar al plato (como dice su eslogan comercial) la corporación que preside Jacobo González-Robatto necesita renovar una flota que pasa ya del medio siglo (de media), construida casi toda en Galicia. El último buque que se incorporó a las filas de Pescanova fue el arrastrero Sil, entregado por Construcciones Navales Santodomingo (Vigo) en el 1987.

Han tenido que pasar 30 años y una profunda reestructuración con amenaza de quiebra, de la que todavía se está recuperando, para que el grupo pesquero vuelva a ejercer de armador con los astilleros gallegos.

Hay presupuesto para hacerlo. Los bancos del denominado G7(SabadellPopular ahora en manos del Santander; AbancaBBVABankiaCaixabank UBI, dueños todos del grupo pesquero) han ampliado capital en 350 millones para ejecutar un plan estratégico que contempla 125 millones de inversión. De esta cantidad, 42,5 están destinados a la licitación de ocho pesqueros con fecha de entrega tope en el 2020.

El multipedido se divide en dos bloques. El más urgente está integrado por tres unidades de 50 metros de eslora. Son los arrastreros más grandes, para faenar en aguas namibias.

El segundo lote está integrado por cinco barcos, también arrastreros, pero de menor eslora (no más de 30 metros, que pescarán camarón en Mozambique).

Presupuesto ajustado

El coste estimado de los buques de estas características se sitúa entre los 10 y los 7 millones de euros, en función del tamaño. De ser ese el precio, las cuentas no salen, por eso Pescanova está hablando estos días, y astillero por astillero, -son 5 los ofertantes-, presupuestos y plazos.

La adjudicación es inminente, al menos para las tres primeras unidades. La decisión va a depender de la factura que presente cada uno, pero también de la disponibilidad existente en las gradas para cumplir plazos de entrega.

La adjudicación obliga a los astilleros ofertantes a competir en costes y plazos«En realidad, querrían tenerlos en el 2018, pero eso es prácticamente imposible», afirman fuentes del sector, que aseguran que existe un compromiso del grupo pesquero con la Xunta para dejar en Galicia la carga de trabajo. Toda una responsabilidad para la industria gallega del naval, «porque ni los chinos son capaces de hacer los 8 barcos con ese presupuesto», ironizan fuentes sindicales consultadas.

En todo caso, aseguran que el naval gallego tiene ventajas competitivas. «Los precios que están ofreciendo son muy a la baja, la construcción no ofrece mayores complicaciones y el Gobierno de Feijoo parece que está dispuesto a arrimar el hombro en operaciones financieras manejables», afirman dichas fuentes. Añaden que, salvo los motores, el resto del equipamiento que precisan los buques tiene también proveedores gallegos.

Flota innovadora

Este primer pedido de la nueva dirección enlazará así el más de medio siglo de historia de Pescanova como empresa armadora. Los buques encargados a los astilleros de Vigo en los años 60 siguen siendo todavía hoy un referente de innovación. Barcos como el Gondomar y el Gelmírez fueron en su día los mayores congeladores del mundo, y pioneros en el procesado de pescado en alta mar.

La planta de Mira, vendida por un fondo buitre, enfila la vía de la liquidación y manda al paro a 126 trabajadores

Hace casi dos años, cuando la banca acreedora entró al rescate de Pescanova, las posibilidades de la planta de acuicultura de Mira (Portugal) de seguir en el grupo eran nulas. Y así fue. A los pocos meses, la mayor factoría del mundo diseñada para el cultivo de rodaballo a gran escala pasaba a manos de la banca acreedora portuguesa, que inmediatamente la puso a la venta.

El grupo de Robatto e Ignacio González descartó recuperar el negocio, sumido en deudas, y el pasado mes de julio la banca portuguesa cerró la venta de Acuinova Actividades Piscícolas al fondo buitre italoportugués Oxy Capital.

El nuevo propietario, ajeno al negocio, no ha tardado ni un mes en declarar insolvente la planta. El administrador judicial reconoce una deuda de 166,6 millones de euros, el 75 % con la banca acreedora (Novo Banco, CGD, BCP y BPI), y fuentes lusas dan por segura la liquidación, mientras los 126 trabajadores se quedarán en el paro.

La compañía que preside González-Robatto aclaró el pasado mes de julio, cuando comunicó la venta, que la cesión de Acuinova «no tiene un impacto relevante para Nueva Pescanova, ya que este era un activo que ya nono figuraba dentro de las cuentas consolidadas del grupo».

Cero impacto en Pescanova

La filial portuguesa siempre fue un project finance. Nació como activo disponible para la venta. Durante los últimos meses, el equipo de Ignacio González ha estado presionando a los bancos portugueses para que tomaran una decisión sobre sus intereses en Mira, dados los infructuosos intentos llevados a cabo para su venta (tanto Mercadona cono Stolt Sea Farm rechazaron la oferta). La planta siempre ha estado por debajo de su capacidad de producción, como consecuencia de los accidentes provocados por fallos de construcción, que entre 2009 y 2014 provocaron más de 70 millones de euros de pérdidas a la compañía. El grupo, entonces en manos todavía del ex presidente Fernández de Sousa, cifró la inversión en Mira en 107 millones. El proyecto recibió 58 millones de fondos públicos portugueses.

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Acuinova Actividades Piscícolas o, lo que es lo mismo, el negocio del cultivo de rodaballo de Pescanova en Portugal, está perdido definitivamente. La compañía acaba de anunciar esta tarde la venta de su filial piscícola, instalada en la localidad de Mira, que se encontraba en concurso de acreedores, a la sociedad portuguesa Ondas e Versos LDA por una suma que no ha trascendido. En realida no es la corporación Pescanova quien vende, sino la banca acreedora lusa que, desde hace casi dos años, se hizo con el control de la mayor planta de cultivo de rodaballo de Europa, por una deuda acumulada de 166,64 millones de euros. «Tres de los bancos acreedores portugueses de Acuinova (Millennium BCP, Caixa Geral de Depósitos y NovoBanco) han procedido a la venta de la totalidad de las acciones», ha informado Pescanova en un comunicado en el que explica que, desde el primer momento, el grupo pesquero ha realizado «todos los esfuerzos para defender los intereses de la sociedad y de sus 127 trabajadores, intentando salvar Mira y mantener su actividad». La compañía que preside González Robatto aclara que la cesión de Acuinova “no tiene un impacto relevante para nueva Pescanova, ya que este era un activo disponible para la venta y no figuraba dentro de las cuentas consolidadas del grupo”.

La filial portuguesa siempre fue un project finance. Nació como activo disponible para la venta. Durante los últimos meses, el equipo de Ignacio González ha estado presionando a los bancos portugueses para que tomaran una decisión sobre sus intereses en Mira, dados los infructuosos intentos llevados a cabo para su venta (tanto Mercadona cono Stolt Sea Farm rechazaron la oferta).

La planta acuícola, concebida por Pescanova con la expectativa de ser la mayor de Europa -lo es en dimensión-siempre ha estado por debajo de su capacidad de producción, como consecuencia de los accidentes provocados por fallos de construcción, que entre los años 2009 y 2014, provocaron más de 70 millones de euros de pérdidas a la compañía. El grupo, entonces en manos todavía del ex presidente Fernández de Sousa, cifró la inversión en Mira en 107 millones de euros, El proyecto recibió 58 millones de euros de fondos públicos portugueses.

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El regreso a Bolsa de Pescanova ha puesto de manifiesto una vez más cómo la caída en desgracia de una empresa puede suponer pingües beneficios para algunos, mientras ocasiona pérdidas ruinosas a otros.

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Accionistas minoritarios han señalado a Efe que los mismos títulos que compraron por encima de los 10 euros días antes de que el regulador bursátil decidiera suspender su cotización los vendieron ayer en el entorno de los 30-40 céntimos.

Un precio ligeramente superior al de hoy, cuando la acción se depreció otro 14,8 %, hasta los 23 céntimos.

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Mayores pérdidas asumieron incluso algunos accionistas de referencia, que llegaron a desprenderse de parte de sus títulos por apenas tres céntimos en el llamado mercado gris -donde se realizan compraventas fuera del circuito oficial-, según han apuntado fuentes del mercado.

En el extremo contrario se sitúan inversores como Carolina Masaveu, hija de una de las familias más ricas de Asturias y que se hizo -cuando la compañía todavía estaba suspendida de cotización- con un paquete del 7,1 % del capital con una inversión mínima, inferior al céntimo por acción.

Ayer mismo Masaveu acordó deshacerse de estos títulos a un precio superior a los 40 céntimos, según revelaron fuentes cercanas a la familia.

También ha salido ganando el fondo de inversión Broadbill, que adquirió en el mercado gris acciones hasta controlar el 11,5 % del capital y que ya ha vendido una parte de su posición por un precio sensiblemente superior, de acuerdo con fuentes próximas a la operación.

Los títulos de la “Vieja” Pescanova fueron hoy presa de la volatilidad y cerraron a 23 céntimos, muy lejos de los 18 euros a los que llegaron a cotizar en 2013, antes de la suspensión.

Las palabras “estafa” y “engaño” son utilizadas por varios accionistas minoritarios a la hora de opinar sobre este caso, a la espera de que la Justicia depure responsabilidades.

El banquillo espera al expresidente del grupo Pescanova Manuel Fernández de Sousa, a quien se acusa de haber ordenado irregularidades contables para maquillar las cuentas de la compañía, entre otros delitos.

La causa está en manos del juez José de la Mata, que ha fijado como fecha límite el próximo mes de octubre para cerrar una fase de instrucción especialmente compleja, que ha exigido pedir datos bancarios a las autoridades de otros países, entre ellos Andorra, para conocer los movimientos de Sousa y su familia.

El caso se remonta a marzo de 2013, cuando el entonces llamado Grupo Pescanova entró en concurso de acreedores por sorpresa, con un agujero patrimonial que KPMG valoró en 1.667 millones de euros.

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El presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), Sebastián Albella, ha avanzado este martes que Pescanova volverá a cotizar “en menos de dos meses”, después de llevar suspendida desde 2013 por problemas en sus cuentas.

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Soy partidario de que las suspensiones de cotización duren lo menos posible, pero este caso es complejo”, ha señalado Albella durante su participación en los Desayunos Informativos de Europa Press.

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El presidente del supervisor ha indicado que, antes de su regreso al parqué, se le pedirá a la compañía información sobre las transacciones recientes que ha habido con su valor potencial para que sirva de indicación a la hora de iniciar nuevamente la cotización.

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Albella ha apuntado que Pescanova es una compañía que hace un mes tenía como único activo el 20% de una compañía operativa, Nueva Pescanova. Ahora, tras una reestructuración financiera y una ampliación de capital en la pesquera por 135,4 millones de euros y después de una valoración judicial, el activo que posee es menos de un 2% (1,7%).

En este punto, ha confesado que tiene dudas acerca de que sea “razonable” que haya una compañía en Bolsa cuyo único activo sea ese, aunque ha resaltado que en este caso hay inversores minoristas, por lo que “lo normal” es que Pescanova, que en la actualidad es una sociedad de cartera, vuelva a cotizar.

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En este tipo de compañía con este tipo de situaciones la globalidad de la información brutalmente asimétrica es muy grande“, ha afirmado Albella, quien, por otra parte, considera que poner en marcha la exclusión de cotización de estos valores es “muy difícil”.

Tras la ampliación de capital, el accionariado de Nueva Pescanova queda compuesto por Banco Sabadell, como mayor accionista con un 23,8% del capital social, seguido por Caixabank (15,3%), HSBC Bank (12%), UBI Banca International (5,9%), BBVA (5,9%), Popular (5,9%), Abanca (5,5%), Barendina (3,7%), Bankia (3,5%), Merrill Lynch (3,4%), Pescanova (1,7%), y otros (13,5%).

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Galicia ha sido afortunada por tener empresarios que entendieron sus industrias como proyectos sindicados desde comienzos del siglo XX. La existencia de esos lobbies empresariales está en el origen de la Galicia Mariñeira emprendedora y de su capacidad para transformarse hasta configurar la realidad de nuestros días. De la capacidad de esos líderes empresariales, como José Fernández, Álvaro Gil o Valentín Paz Andrade, nació Pescanova. Pescanova ha sido marca referencial en el mar y la economía de Galicia, y ha jugado un papel tractor en el desarrollo de nuestra industria pesquera y alimentaria desde los años sesenta. Por su carácter multinacional e integrado, su capacidad de innovación, su estrategia de internacionalización, la asunción de las 200 millas en el lejano 1974 y las empresas mixtas como alternativa.

La debacle de Pescanova, comandada por el entonces presidente y su consejo de administración, hace ahora cuatro años se configuraba como una nueva fuente de incertidumbres y desasosiegos en la economía de Galicia. A las sombras de Astano, Barreras, Ascón, Bazán, Fenosa, la Fábrica de Armas, o la de Tabaco, parecía que fuera a seguirles la mítica Pescanova. Tan gallega que, hasta en su flota de los mares lejanos, el rancho de los domingos eran la empanada y el lacón con grelos. Un anticipo del «vivamos como galegos».

Sorprendentemente cuatro años después, y aún sin sustanciar posibles responsabilidades penales o civiles de sus gestores de antaño, Pescanova camina rumbo a la solvencia. Como señalaba M. Sío, en una de sus acertadas crónicas empresariales y económicas en La Voz de Galicia, «pocas empresas que hayan caído en un agujero de 4.000 millones han logrado salir con vida. Pescanova es una de esas excepciones que ya se estudian como caso de éxito en el Derecho Concursal».

Desde la toma del control por los siete bancos acreedores, que asumieron la mayor parte de la quita, hace año y medio, la Nueva Pescanova tiene estrategias para el futuro. Por más que en el camino haya quedado Chile, o inversiones en otros países, y una reformulación de su actividad en acuicultura. Pero las dificultades no han desaparecido, la Nueva Pescanova se enfrenta estos días a la primera huelga desde 1960 de sus plantas en tierra de Vigo y Porriño. Al parecer, por desacuerdos en el nuevo convenio, en una situación de la empresa todavía no consolidada. O en la ampliación de capital propuesta, a la que se opone por todos los medios, incluido el judicial, la vieja Pescanova SA, con la cotización suspendida y donde resisten los nueve mil accionistas, entre ellos el anterior presidente y sus consejeros, por no ver diluido su 20 % de participación actual. Ampliación imprescindible para que se pueda abordar la renovación de flotas y plantas de procesado y atender a la estrategia comercial. O construir un futuro para Pescanova, como industria alimentaria, incluido su recuperado Rodolfo Langostino.

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La nueva vida de Pescanova sin Emilio Carceller

“No puedes atravesar el mar simplemente mirando al agua”. Citando nada menos que al poeta y filósofo indio Rabindranath Tagore. Así acaba el plan estratégico de la nueva Pescanova, con algunos anclajes en el pasado, pero mirando a 2020. El plan presenta una gran incógnita en forma de salvedad: debe afrontar un proceso de capitalización de créditos a través de una ampliación de capital, y está sujeto a lograr un reequilibrio patrimonial de Nueva Pescanova SL. Ni rastro de los Carceller, que ya son historia en el grupo pesquero.

Los dueños de Damm no están presentes ni de forma directa en la vieja Pescanova ni indirectamente en la nueva Pescanova. La sopa de nombres oculta un lío accionarial que se dirime en los juzgados. Y es que los anteriores propietarios se han quedado a través de la “vieja” compañía, una vez achatarrada su participación por la banca, con un 20% de la Pescanova que quiere resurgir.

La venta a Broadbill

Los dueños de Damm, con Demetrio Carceller Pescanova al frente, eran accionistas relevantes hasta el pasado mes de enero de una sociedad de cartera propietaria del 20% de la nueva compañía que surgió tras el concurso. Fue entonces cuando se desprendieron de su participación, que se elevaba al 6,2% y que colocaron a Broadbill.

Hoy el fondo norteamericano es, con un 11,5%, el principal accionistas de la vieja Pescanova, situándose por delante del controvertido expresidente Manuel Fernández de Sousa, el fondo Luxempart y la inversora asturiana Carolina Masaveu, todos ellos con una presencia en el capital superior al 7% en cada uno los tres casos.

Objetivos de la banca

La Pescanova controlada por los bancos ha dado luz verde a la capitalización de créditos de entre 300 y 400 millones de euros, al tiempo que aprueba un plan estratégico 2020, que contempla inversiones por 125 millones de euros. La Pescanova de los anteriores dueños ya ha dado el paso de impugnar esa ampliación, decisión acordada este miércoles.

Los socios titulares del más del 75% de la deuda y del capital actual del grupo (Caixabank, Sabadell, Grupo Banco Popular, Abanca, BBVA, Bankia, Ubi, HSBC y SVP) traza ahora,  no sin reticencias laborales en forma de movilizaciones constantes, una hoja de ruta muy definida.

El objetivo es lograr unas ventas de 1.445 millones de euros en 2020 y un ebitda (beneficio antes de amortizaciones, depreciaciones e impuestos) de 139 millones. Para garantizar la adecuada puesta en marcha, se ha constituido una oficina de Estrategia y Transformación, que coordinará el despliegue del plan y controlará el cumplimiento de objetivos.

Nuevas inversiones

Desde un punto de vista de gestión, procesos y organización, se fija un objetivo de ebitda acumulado a 2020 de unos 16 millones “fundamentalmente gracias a una mayor coordinación y centralización de funciones, a las oportunidades de integración y a un menor gasto en servicios profesionales”.  Entrada en nuevos mercados, como Brasil o Sudáfrica, o consolidación en los que ya tiene una presencia incipiente, como Estados Unidos, son ejes del proyecto.

El plan de la nueva compañía, si le dejan, lleva asociada la construcción del denominado Pescanova Biomarine Center. El lanzamiento de este centro de I+D implica la transformación del centro actual, con una inversión estimada de 4,5 millones este mismo año. Demetrio Carceller Pescanova, y en menor medida, porque todavía está presente, Manuel Fernández de Sousa, ya son historia en Pescanova.

Para saber más de

“No puedes atravesar el mar simplemente mirando al agua”. Citando nada menos que al poeta y filósofo indio Rabindranath Tagore. Así acaba el plan estratégico de la nueva Pescanova, con algunos anclajes en el pasado, pero mirando a 2020. El plan presenta una gran incógnita en forma de salvedad: debe afrontar un proceso de capitalización de créditos a través de una ampliación de capital, y está sujeto a lograr un reequilibrio patrimonial de Nueva Pescanova SL. Ni rastro de los Carceller, que ya son historia en el grupo pesquero.

Los dueños de Damm no están presentes ni de forma directa en la vieja Pescanova ni indirectamente en la nueva Pescanova. La sopa de nombres oculta un lío accionarial que se dirime en los juzgados. Y es que los anteriores propietarios se han quedado a través de la “vieja” compañía, una vez achatarrada su participación por la banca, con un 20% de la Pescanova que quiere resurgir.

La venta a Broadbill

Los dueños de Damm, con Demetrio Carceller Pescanova al frente, eran accionistas relevantes hasta el pasado mes de enero de una sociedad de cartera propietaria del 20% de la nueva compañía que surgió tras el concurso. Fue entonces cuando se desprendieron de su participación, que se elevaba al 6,2% y que colocaron a Broadbill.

Hoy el fondo norteamericano es, con un 11,5%, el principal accionistas de la vieja Pescanova, situándose por delante del controvertido expresidente Manuel Fernández de Sousa, el fondo Luxempart y la inversora asturiana Carolina Masaveu, todos ellos con una presencia en el capital superior al 7% en cada uno los tres casos.

Objetivos de la banca

La Pescanova controlada por los bancos ha dado luz verde a la capitalización de créditos de entre 300 y 400 millones de euros, al tiempo que aprueba un plan estratégico 2020, que contempla inversiones por 125 millones de euros. La Pescanova de los anteriores dueños ya ha dado el paso de impugnar esa ampliación, decisión acordada este miércoles.

Los socios titulares del más del 75% de la deuda y del capital actual del grupo (Caixabank, Sabadell, Grupo Banco Popular, Abanca, BBVA, Bankia, Ubi, HSBC y SVP) traza ahora,  no sin reticencias laborales en forma de movilizaciones constantes, una hoja de ruta muy definida.

El objetivo es lograr unas ventas de 1.445 millones de euros en 2020 y un ebitda (beneficio antes de amortizaciones, depreciaciones e impuestos) de 139 millones. Para garantizar la adecuada puesta en marcha, se ha constituido una oficina de Estrategia y Transformación, que coordinará el despliegue del plan y controlará el cumplimiento de objetivos.

Nuevas inversiones

Desde un punto de vista de gestión, procesos y organización, se fija un objetivo de ebitda acumulado a 2020 de unos 16 millones “fundamentalmente gracias a una mayor coordinación y centralización de funciones, a las oportunidades de integración y a un menor gasto en servicios profesionales”.  Entrada en nuevos mercados, como Brasil o Sudáfrica, o consolidación en los que ya tiene una presencia incipiente, como Estados Unidos, son ejes del proyecto.

El plan de la nueva compañía, si le dejan, lleva asociada la construcción del denominado Pescanova Biomarine Center. El lanzamiento de este centro de I+D implica la transformación del centro actual, con una inversión estimada de 4,5 millones este mismo año. Demetrio Carceller Pescanova, y en menor medida, porque todavía está presente, Manuel Fernández de Sousa, ya son historia en Pescanova.

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Demetrio Carceller Pescanova

Pescanova garantiza poder adquisitivo y creará 80 nuevos empleos en 3 años

La pesquera informa directamente a la plantilla de su oferta antes de la asamblea

 A 48 horas de adoptar una decisión trascendente para Nueva Pescanova: la convocatoria de la primera huelga, los trabajadores de los centros industriales de Arteixo, Chapela, Porriño, centro de frío de Chapela-Porriño y del back-office de Chapela de Pescanova España, Nueva Pescanova y Novapescanova Trading, fueron informados ayer directamente por la dirección de la empresa de todos los términos de la propuesta de la pesquera sobre el nuevo convenio colectivo. Se ha tomado esta medida por considerar que afrontan la asamblea de mañana sin información precisa para aprobar unas medidas que pueden condicionar el futuro de la compañía y los planes para conseguir la competitividad.
Reunidos en 100 ocasiones el comité y la dirección desde marzo de 2016, la empresa recuerda que sobre los trabajadores pende la espada de Damocles de aplicar, por imperativo legal, el convenio colectivo de elaborados del mar con procesos de congelación y refrigeración, aprobado por los sindicatos el paso 20 de febrero, si Pescanova no aprueba antes con su propio marco laboral.

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Los Daurella y el milagro de Coca Cola

La primera semana de agosto de 2015, mientras España soportaba la mayor ola de calor de la década, los reyes europeos de Coca-Cola se reunieron para anunciar el nacimiento de un gigante: Coca-Cola European Partners, fruto de la unión de la franquicia ibérica con las embotelladoras del resto de los países de Europa Occidental. Luciendo la más feliz y azucarada de las sonrisas, en la imagen emergía como figura central una mujer: Sol Daurella, elegida flamante presidentade la nueva compañía-valorada en 20.650 millones de euros-, y dueña del 19% de la recién alumbrada CCEP.

La operación aproxima a la realidad el valor de la fortuna en manos de la familia Daurella, que este año ha aumentado un 147%. También la de sus socios españoles, los valencianos Gómez-Trénor y Usó, José Ignacio Comenge, la familia Mora Figueroa y Jaime Castellanos. Todos ellos se reparten el 34% de la nueva CCEP.

La firma culminó también tres años de locura, los trascurridos desde el anuncio de fusión de las embotelladoras regionales españolas y portuguesa. Un tiempo de cambios accionariales, valoración de bienes e ingeniería contable, y un sólo punto negro: el cierre de la planta de Fuenlabrada, que dejaba en la calle a 821 personas y que finalmente el Tribunal Supremo acabó declarando nulo.

Mina de oro

Que Coca-Cola es un negocio garantizado se sabe desde los años 20, cuando algunas familias españolas comenzaron a importarla. Con Juan Manuel Sainz de Vicuña -que presidió Coca-Cola España entre 1953 y 1993- como enlace con Atlanta, en los 50 el régimen repartió las franquicias por regiones entre empresarios.

Los catalanes Daurella tomaron participaciones en varias de ellas, incluido el sur de Francia, Portugal y el País Vasco y Navarra, donde emparentaron con los Líbano y se asociaron con los Aznar, Sainz de Vicuña y Urrutia. Algunos de ellos repetían en las concesiones de Madrid, Asturias y Galicia. En Valencia se hizo fuerte la familia de arroceros y militares Gómez-Trénor, que emparentó con los Mora-Figueroa, socios de la andaluza junto a los Domecq-Bohórquez.

Fusión de embotelladoras

En 2013 la fusión de las embotelladoras en una sola tuvo dos efectos inmediatos: un reparto de dividendos de 900 millones entre todos los socios y, por otro, un reparto accionarial proporcional al poder acumulado durante 60 años. Los Daurella tenían un 42% de la nueva embotelladora ibérica (CCIP) que quedaba valorada en 3.800 millones. Los Gómez-Trénor un 20% y las demás familias se repartían el resto.

En julio, Daurella invirtió 800 millones en un 13% adicional -vendían Urrutia, Domecq, Aznar y Sainz de Vicuña- que se bajaban del tren de la aventura europea. A su vez, los Gómez-Trénor pasaron del 20% al 25%. Ambas operaciones valoraban CCIP en 5.300 millones.

En verano está prevista la salida a bolsa de Coca-Cola European Partners, se sabrá el precio real de 34% en manos de los socios españoles. A priori, en agosto se tasó en 7.000 millones, el doble de lo que valía CCIP hace apenas dos años. Quizá así se entiende mejor la amplia sonrisa de la nieta de Santiago Daurella i Rull, fabricante de gaseosas e importador de bacalao.

No quedan ahí los dominios de Sol Daurella, que representa a cinco ramas familiares unidas en Cobega. Falta por conocer el valor de su gigantesca franquicia africana, que embotella en 13 países, donde participa en un 60%. La más baja conocida se aproxima a los 800 millones. A ésta, suma además su alianza con Nestlé para distribuir Nespresso en la península, su puesto de consejera en el Banco de Santander (0,003%), su 50% en Cacaolat, donde es socia de Demetrio Carceller y su fábrica de bacalaos Copesco y varias sicav. Daurella, ‘Miss Coca-Cola‘, no es una nueva rica, es una fortuna en expansión.

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